jueves, 27 de marzo de 2008

los heroes olvidados Los O'Higgins son peruanos


Si los chilenos se encandilan con los símbolos peruanos, empezando por el cóndor andino, siguiendo por el pisco y terminando en el suspiro a la limeña, ha de ser por afán de alcanzar la excelencia. En efecto, muchos al final prefieren nuestra tierra y la variedad de sus frutos. Por ejemplo, cuando uno abre la guía telefónica de Santiago de Chile no encuentra ningún O’Higgins, mientras que en Lima se hallan quince personas con ese apellido. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo así todos los descendientes directos del fundador de la república chilena viven en el Perú?
Para empezar, el prócer chileno Bernardo O’Higgins era hijo de Ambrosio, un militar irlandés al servicio de la corona española. Ambrosio fue capitán general de Chile y luego virrey del Perú; tuvo un hijo fuera del matrimonio y se lo quedó consigo, quitándoselo a la madre. Pero no lo trató como hijo, ni menos le prodigó afecto. Años después, Bernardo iba a recordar que se dirigía a su padre llamándolo "señor virrey".
El futuro rebelde se educó en Lima en el colegio de San Carlos; pero, no vivía en Palacio, sino con su tutor que era un comerciante irlandés amigo del padre. Luego, continuó sus estudios en Inglaterra donde adoptó la fe revolucionaria. Ya convertido, retornó a Chile donde ganó, perdió y volvió a ganar la independencia de su patria. Pero, fue una figura controvertida y se exilió en el Perú.
En 1823 lo recibimos y el gobierno le obsequió la gran hacienda Montalbán, en Cañete. Esta propiedad había sido expropiada a un súbdito español enemigo de la patria naciente y fue transferida al héroe chileno como premio por su decisivo apoyo a la causa de nuestra independencia. Desde ese momento hasta su muerte, 19 años después, Bernardo O’Higgins vivió entre Lima y Cañete.
En términos afectivos, repitió la historia del padre y tuvo un hijo fuera del matrimonio, que también se lo quitó a la madre. En este caso, sí se lo llevó a vivir consigo, pero no lo reconoció sino hasta después de fallecer, a través de su testamento. Este hijo se llamó Demetrio y accedió al apellido y a la herencia al morir el prócer, quien lo había tratado como recogido de otra familia apellidada Jara.
Demetrio tampoco se casó, aunque tuvo dos hijos en el Perú. Fue un joven bohemio y desordenado que incursionó en política llegando a ser congresista por Cañete. Ocupó una curul en la Constituyente de 1867, donde se inició un pleito crucial.
En efecto, los pobladores de Imperial, en el mismo valle, se presentaron al Parlamento solicitando ser reconocidos como pueblo. En ese momento, el latifundista Antonio Joaquín Ramos argumentó que no podían ser pueblo porque no eran dueños de los lotes donde se levantaban sus viviendas; esas tierras eran suyas y se trataba de la ranchería de su hacienda. En esa coyuntura, el diputado Demetrio O’Higgins estuvo del lado del pueblo contra el otro gran terrateniente del valle donde él mismo era propietario. El debate en el Congreso duró siete años y el fallo fue a favor de la gente común y corriente; quedó establecido el procedimiento para fundar poblaciones y constituir municipios. Sin embargo, Demetrio ya había fallecido. En 1868, apenas un año después de culminadas sus labores como constituyente, murió envenenado en Montalbán; se intoxicó con agua de almendras. Nunca se supo si fue accidente o asesinato.
Los O’Higgins de la guía telefónica limeña son descendientes de Demetrio y ninguno ha regresado a Chile. Curioso. Uno podría pensar que, con la veneración que le tienen allá a O’Higgins y el mayor desarrollo relativo del vecino del Sur, la emigración de esa familia sería algo natural. Pero, no ha ocurrido. Quizá tiene que ver con lo auténtico y la copia. La gran diversidad cultural peruana es uno de nuestros principales atractivos, en contraste con el gris y súper estandarizado Chile.

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